“Todo pasa por algo”. “Dios tiene un plan para todo; Él está en control”.  Estas son las típicas frases que muchas personas bien intencionadas dicen cuando algún amigo o pariente se encuentra mal o está sufriendo por cualquier causa.  ¿Pero son ciertas estas palabras?  ¿Realmente son Bíblicas? 

Muchas personas quieren encontrarle una razón a todo lo que pasa y se preguntan: “¿Por qué esto me pasó a mí?” o “¿Por qué Dios permitió que sucediera?”

En vez de apoyar a los que están sufriendo, abrazarlos o escucharlos, tratan de explicar los sucesos a su manera y hacer que todo tenga sentido.  En un esfuerzo por “consolar” al afligido, quieren hacerles entender por qué este acontecimiento terrible les pasó.  Me entristece decirlo, pero muy a menudo, le dicen a un doliente que “Dios se ha llevado” a su ser querido, o que de alguna manera, fue parte de “Su plan”.  ¿Pero realmente debemos explicarlo así?

¿Es cierto que Dios controla cada detalle de nuestras vidas?  Muchos cristianos creen que Dios planifica y controla todo lo que pasa en el mundo, lo que les lleva a pensar que cuando las cosas salen mal, es porque era el designio de Dios.

Ahora bien, es importante recordar que desde que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín de Edén ya no vivimos en un estado perfecto bajo la guía de Dios.  De hecho, al comer la fruta prohibida, Adán y Eva se rebelaron contra la soberanía de Dios y eligieron vivir de manera independiente.

Cuando Jesús vino a la tierra fue tentado tres veces por el diablo, en una de esas ocasiones, “le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy.  Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.” (Lucas 4:5-7)

Si esto no hubiera sido cierto, Jesús, que es la verdad personificada, hubiera replicado que no podía ofrecer lo que no era suyo.  Sin embargo, ¿por qué no respondió así? Porque sabía bien que “el mundo entero está bajo el poder del maligno.” (1 Juan 5:19b).

Si decidimos creerle a la Biblia y aceptar que este mundo se encuentra actualmente bajo el poder del diablo, las cosas empiezan a tener mucho más sentido.   Al ver las noticias o estudiar la historia y saber de masacres, abuso infantil y guerras, comprendemos que no es Dios quien causa esas cosas, sino que es Satanás, como gobernante de este mundo, el responsable de lo que sucede en él.

Afortunadamente, la historia no termina allí.  La Biblia muestra que Dios no permitirá que Satanás sea “el dios de este mundo” para siempre (2 Corintios 4:4ª).  Después del regreso de Jesús y de la batalla de Armagedón[1]  Satanás será atado y arrojado al abismo por mil años como leemos en Apocalipsis 20:1-3.

Algunas personas creen que desde la muerte de Jesús en la cruz y su resurrección, el diablo ha sido conquistado.  Es cierto que “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” (1 Juan 3:8). No nos cabe duda de que Cristo es más fuerte que el diablo y que no tenemos por qué vivir con temor a Satanás.  Sin embargo, la batalla espiritual no ha terminado aún.  Si el diablo hubiera sido completamente vencido cuando Jesús murió en la cruz no tendríamos que preocuparnos por vestirnos con toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” (Efesios 6:11). Además, ¿por qué existiría esta advertencia a los cristianos en 1 Pedro 5:8?: Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.

Parte 2: ¿Cómo consolar?

Es muy común que repitamos frases que hemos escuchado porque pensamos que pueden consolar a alguien, pero de hecho no nos hemos detenido para considerar el verdadero impacto de aquellas palabras o si se encuentran en la Biblia o no.  Por ejemplo, muchas personas le dicen a los que sufren que “Dios no dejará que seas probado más de lo que puedas soportar”.  Pero puede ser muy hiriente escuchar esto, puesto que muchas personas consideran que el sufrimiento que experimentan ES más de lo que pueden soportar.  Además, no es lo que dice el versículo Bíblico.  Si volvemos a las escrituras veremos que el pasaje en 1 Corintios 10:13 dice: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”

Caer en tentación y ser “probado” son dos conceptos muy diferentes.  Con respecto a la tentación, leemos en Santiago 1:13-15 que: “Cuando alguien sea tentado, no diga que ha sido tentado por Dios, porque Dios no tienta a nadie, ni tampoco el mal puede tentar a Dios. Al contrario, cada uno es tentado cuando se deja llevar y seducir por sus propios malos deseos. El fruto de estos malos deseos, una vez concebidos, es el pecado; y el fruto del pecado, una vez cometido, es la muerte.”  Esto no tiene nada que ver con la experiencia de una persona que, por ejemplo, sufre tras la muerte de un ser querido o enfrenta una enfermedad incurable.

En ciertos círculos evangélicos es común escuchar a la gente jactarse con las palabras: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!!!”(Filipenses 4:13), citadas fuera de contexto o con un énfasis innecesario en la primera parte del versículo “Todo lo puedo” y no expresando con humildad el énfasis en el resto del versículo “en Cristo que me fortalece”. 

Creo que es importante leer este texto en su contexto: No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:11-13) Si no leemos estas palabras en su contexto creamos falsas expectativas para nosotros mismos y para otros, asumiendo que podemos llegar a ser una especie de superhéroe en Cristo, capaces de hacer cualquier cosa.

Volviendo al tema principal, las personas que sufren no desean oír una lección de teología, ni una charla motivadora que los haga sentir mejor.  Más bien, necesitan nuestra compañía en su dolor, nuestro abrazo, nuestra empatía y ayuda práctica.  La Biblia dice: “Gocémonos con los que se gozan y lloremos con los que lloran.” (Romanos 12:15).  Que Dios abra nuestros corazones al sufrimiento de otros, para poder compartir su dolor, escucharlos y ser capaces de llorar con los que lloran, tal como Cristo lloró al lado de la tumba de su amigo Lázaro cuando había muerto[2]. Cuando los otros lo vieron, exclamaron: “¡Miren cuánto lo quería!”[3] Con la ayuda del Espíritu Santo, podremos demostrar a los demás cuánto los queremos y que podemos acompañarlos en su dolor, esto es más consolador que cualquier palabra.

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[1] Apocalipsis 16:14, 16, Apocalipsis 19:11-21

[2] Juan 11:35

[3] Juan 11:36

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