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Hoy en día, prácticamente todas las iglesias evangélicas y protestantes, así como la iglesia mormona, cobran o perciben de sus feligreses el diezmo en dinero (10% del salario de una persona), alegando que se trata de una ley de Dios para los cristianos.

Muchos pastores y fieles pagadores del diezmo a menudo citan pasajes del Antiguo Testamento para justificar su cobro en nuestros días, por otra parte, expertos Biblistas y cristianos estudiosos consideran el cobro del diezmo en dinero como una práctica errónea y sólo aplicable al pacto de Dios para los Judíos.

De aquí que surjan las siguientes interrogantes: ¿con qué motivo fue instaurado el diezmo?, ¿debía pagarse en dinero?, ¿deberían pagarlo los cristianos hoy?, ¿deberían vivir de él los pastores?

Lamentablemente, por todas partes se ven con más frecuencia cultos donde el foco central es el dinero, con prédicas totalmente opuestas a las enseñanzas de Jesucristo (por favor lea Mateo 6:19-24 y Mateo 19:21-24). Es el llamado “Evangelio de la Prosperidad”, que se caracteriza por promesas de bendición económica (a menudo “multiplicada por miles”) a cambio del dinero que los fieles entreguen al predicador. En estos cultos, apoyados por un show de luces y música subliminal, se va preparando la mente de los asistentes para que literalmente vacíen sus bolsillos.                

Los diezmos en el Antiguo Testamento

Si analizamos lo que dice la Biblia respecto al diezmo, que por cierto  sólo se menciona en el Antiguo Testamento, nos daremos cuenta de que éste era en realidad un sistema de ahorro que tenía por objeto proveerse de los recursos necesarios para asistir a las fiestas que se celebraban anualmente en la ciudad de Jerusalén, sistema que dista mucho del diezmo en dinero que se exige hoy en las iglesias.

Los diezmos que Dios ordenó a los israelitas en la Ley dada a Moisés consistían únicamente en frutos, granos y otros productos de la tierra, y solamente en un caso extraordinario podían transformarse en dinero. Levítico 27:30 señala: “Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová”. Y Malaquías 3:10 -pasaje que repiten vez tras vez los cobradores del diezmo en sus prédicas- lo confirma: “Traed todos los diezmos al alfolí (es decir, al granero del templo) y haya alimento en mi casa y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.

Note que la Biblia dice “y haya alimento en mi casa” y no “y haya dinero en mi casa” a pesar de que el dinero ya existía en tiempos del establecimiento de este mandato. Deuteronomio 14:22-26 así lo confirma:

“Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año. Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días. Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere, entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia” (RV 1960).

Es decir que el diezmo que se recolectaba consistía únicamente en productos de la tierra y si éstos que no se podían llevar al lugar que Dios señalaría (Jerusalén) para comerlo allí por encontrarse uno muy lejos, sólo entonces se podían vender únicamente con el fin de conservar el dinero para comprar víveres y comerlos en familia durante las fiestas sagradas! Dicho de otro modo, el diezmo era un ahorro para el consumo del propio diezmador y su familia durante las fiestas anuales y no para financiar o enriquecer a ningún líder religioso.

Además, la misma Ley de la cual citan los cobradores del diezmo actual, ya que el Nuevo Testamento no los menciona en ningún versículo, establecía a continuación que todo el pueblo debía contribuir para cubrir las necesidades de los menos favorecidos. Deuteronomio 15:11 señala:

“Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: abrirás generosamente tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra“. ¿Cumple también este aspecto de la ley del diezmo el pastor de su iglesia? ¿Ayuda con los diezmos que cobra a los demás hermanos, a los pobres y menesterosos de la iglesia?

Convenientemente, estos predicadores del diezmo sólo se acuerdan de la Ley judía cuando quieren justificarlo para sí, pero para lo demás insisten en que “estamos en el periodo de la gracia y no de la Ley”. En efecto y tal como dijo el apóstol cristiano Pablo, los cristianos “ya no están bajo Ley (incluyendo la ley del diezmo) sino bajo gracia“, que es la bondad o favor inmerecido de Dios para nuestra época (Romanos 6:14). Si insisten en citar la Ley judía para justificar el cobro del diezmo, ¿por qué no cumplen también otros aspectos de esa ley como circuncidarse o sacrificar animales cada vez que cometen un pecado?

El sistema de ofrendas del Nuevo Testamento

La Biblia dice claramente que la Ley de Moisés fue cumplida y luego abolida por Jesucristo en la cruz, por lo tanto, sus disposiciones ya no son aplicables a los cristianos del nuevo pacto, a partir de la crucifixión y resurrección de Cristo (por favor lea Gálatas 3:1-24; Romanos 7:6; Colosenses 2:14 y Hechos 15:1-31).

Para los cristianos, específicamente respecto a contribuir a la iglesia, el Nuevo Testamento establece un sistema PROPORCIONAL en reemplazo del sistema PORCENTUAL de la Ley judía. Este sistema proporcional es además VOLUNTARIO (por favor lea 1 Corintios 16:1,2; 2 Corintios 9:1-7).

Como se ha dicho, en ninguna parte del Nuevo Testamento se indica que los apóstoles y otros cristianos cobraran diezmos, por el contrario, el apóstol Pablo, quien tenía la costumbre de trabajar para mantenerse (Hechos 18:1-3), dijo:

“Como saben, nunca hemos recurrido a las adulaciones ni a las excusas para obtener dinero; Dios es testigo.  Tampoco hemos buscado honores de nadie; ni de ustedes ni de otros. Aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido ser exigentes con ustedes, los tratamos con delicadeza. Como una madre que amamanta y cuida a sus hijos,  así nosotros, por el cariño que les tenemos, nos deleitamos en compartir con ustedes no sólo el evangelio de Dios sino también nuestra vida. ¡Tanto llegamos a quererlos!  Recordarán, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas para proclamarles el evangelio de Dios, y cómo trabajamos día y noche para no serles una carga. Dios y ustedes me son testigos de que nos comportamos con ustedes los creyentes en una forma santa, justa e irreprochable.”(1 Tesalonicenses 2:5-10)

A la luz de lo que la Biblia enseña, se desenmascara este negocio abusivo y fraudulento del cobro del diezmo o diez por ciento de los ingresos de cada miembro de la iglesia, enseñado por líderes y pastores que sólo buscan vivir gratis de los demás, la mayoría de ellos sin realizar más trabajo que un pequeño sermón a la semana y sin siquiera sentir remordimiento si viven en lujo mientras sus feligreses pasan necesidad.

En realidad, estos cobradores del diezmo no tienen presente la advertencia de Jesús acerca del día en que todos tendremos que rendirle cuentas (2 Corintios 5:10), en Mateo 7:22 y 23 Él declara:

“Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Nunca los conocí; apártense de mí, hacedores de maldad’”.

 

Paz de Cristo.